Nuestra crítica: Wednesday temporada 2 confirma por qué Jenna Ortega se robó a Netflix
La serie amplía su universo sin perder el humor ácido que la hizo un fenómeno global en su primera temporada.
El mayor riesgo de cualquier segunda temporada exitosa es diluir lo que hizo especial a la primera. Wednesday lo evita en gran medida gracias a una decisión simple pero efectiva: en lugar de repetir la fórmula del misterio semanal en Nevermore, se atreve a expandir el mundo y a complicar las relaciones entre sus personajes.
Jenna Ortega vuelve a ser el centro absoluto de la serie, y su interpretación —esa mezcla exacta de desprecio absoluto por el mundo y una vulnerabilidad que apenas se asoma— sigue siendo, sin discusión, el motor que sostiene cada episodio, incluso cuando la trama alrededor de ella se vuelve más dispersa.
Ortega sigue haciendo que cada mirada de desdén parezca un chiste perfectamente calculado, y eso, entrega tras entrega, no deja de funcionar.
Lo que funciona
La expansión del universo hacia nuevos personajes y tramas familiares le da aire fresco a una premisa que, de haberse repetido sin cambios, corría el riesgo de agotarse rápidamente. El balance entre el humor negro característico de la franquicia Addams y los momentos de genuina tensión sigue siendo, en general, bastante acertado.
Lo que no termina de cerrar
Algunas subtramas secundarias se sienten menos desarrolladas que la línea central protagonizada por Ortega, y el ritmo se resiente ligeramente en los episodios intermedios, donde la serie parece dudar entre profundizar en el mundo o mantener el foco puramente en su protagonista.
El veredicto
Con todo, esta segunda temporada cumple con lo más importante: mantener vivo el interés por un personaje que ya se convirtió en un ícono generacional, sin sacrificar por completo la identidad que la hizo un fenómeno desde su primera entrega. Vale la pena, especialmente para quienes ya son fans confesos de Miércoles Addams.